"EL PLATO QUE NO
FUE.
El Día
Internacional del Trabajador prometía ser explosivo.
No obstante,
consideré prudente no insistir con esa premonición al saber que íbamos a
compartir una misma comunidad de intereses.
La lucha privada,
por otra parte, vendría después, de forma íntima y con reacciones honrosas y
obligadamente aceptables. Un locro siempre puede significar un descenso al
infierno (con el agregado de cebollitas de verdeo y ají picante), aunque el
febril toque de argentinidad sobrepasa cualquier crítica.
La vieja tragedia
de Chicago que dio origen a esta recordación, fue dejada de lado, al saber que
todos estábamos dispuestos a compartir aquel incendio dentro de nuestros
estómagos.
Y nuestro plato
nativo (virulento, si no indigesto) es adecuado para ello.
Criollo por
antonomasia, comulga igualmente bien con el pueblo y con las altas esferas.
Socializador por antonomasia, e integrador como pocos, suele desbaratar
cualquier alianza.
Y como si todo
esto fuera poco, nunca se olvida de reafirmar sus raíces ancestrales con sus
jugosos ingredientes.
Apropiado para
amigos y familia, acepta que los futuros y penetrantes efluvios derivados de su
ingesta, causarán vientos quichuas, guaraníes o mapuches, tan fuertes como los
monzones, alisos o huracanes (nunca una brisa suave), porque un buen, lo que se
dice un buen locro. hace gala de abundancia y buen sabor. Lógico es advertir
entonces que, quien acepte sentarse a nuestra mesa quedará unido a los demás
por un lazo apasionado, espeso y revuelto difícil de aflojar. Porque un locro
que se precie de tal requiere largas horas de cuidado, (como la amistad y la
familia), y es una radiografía que privilegia las tripas en desmedro de la
razón, ya que ésta se acalora y explota sin demasiado esfuerzo al volvernos
felices e inflamados testigos de ello.
No cualquiera
puede ser un auténtico inventor de vientos, no un simple aficionado, y requerir
cómplices en torno a la mesa, dispuestos a resonar en los compartimentos
estancos de cada familia. Porque los calientes efluvios del potaje en cuestión,
aportarán alivio al soltar los nudos que afectan nuestras vidas, luego de
viajar a las profundidades para enfrentarnos a las lógicas contradicciones
humanas.
Una cosa es bien
cierta: después de unas buenas porciones de locro, nadie duda de que saldrán
airosos, bien airosos, a disfrutar de los famosos vientos de argentinidad que
nos ligan.
Buen provecho."
Isabel Lagger, creativa artista multifacética (escritora, pintora, ceramista) vecina carlospacense.

























