Cuenta una anécdota muy difundida que al asumir en la gobernación de Córdoba, Amadeo Sabattini, entre sus primeras acciones administrativas fue visitar una repartición pública en la que se desempeñaba un joven con su mismo apellido, y sin más trámite le dijo que uno de los dos sobraba, ya que solamente podía haber un Sabattini en el gobierno; dejando como ejemplo que "únicamente UNO POR FAMILIA" debe ser empleado o prestar servicios al Estado.
Lamentablemente, esto no se ha cumplido, ni se respeta en favor de la República. Tanto a nivel municipal, como provincial y nacional observamos anonadados como inútiles o "vivillos" de distinta calaña cumplen funciones como empleados o "jefes" por ser hijos de, esposos o parejas de, hermanos de, etc.; por el simple hecho de ser acomodados por sus familiares o amigos de "la gestión" de turno.
Esto empobrece la democracia, afecta la transparencia y debilita el poder de autoridad del Estado, que es de todos y no de unos pocos.
El nepotismo es una enfermedad que manifiesta la "privatización de lo público". Todos debemos trabajar para erradicar prácticas como ésta que profundizan la brecha entre el pueblo y los gobernantes.
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